Las relaciones en la danza como punto de equilibrio

¿Sos de relacionarte con tus compañeras de danza? ¿O sos de las que llegan, hacen su clase, y se van? La danza clásica es una de las expresiones artísticas más completas que existen.  Detrás de la belleza a primera vista y de las emociones que provoca, hay un enorme trabajo diario que implica sincronía de mente, cuerpo y alma que pocos conocen

La danza clásica es una de las expresiones artísticas más completas que existen.  Detrás de la belleza a primera vista y de las emociones que provoca, hay un enorme trabajo diario que implica sincronía de mente, cuerpo y alma que pocos conocen. 

Por lo general, se habla de una carrera “sacrificada”, aunque para quien está en esos zapatos de bailarina, el amor es contrapeso del esfuerzo, y es ahí cuando la rutina encuentra el balance.

A veces el equilibrio se quiebra porque hace falta fuerza, porque la mente está nublada, porque la duda y la inseguridad se imponen y se les deja ocupar un espacio más grande del que merecen.  Es en esos momentos, cuando más se necesita de un apoyo que sirva de sostén.  Se necesita una mano que acompañe, un gesto de confianza y de verdad. Una palabra de aliento, un abrazo. 

La danza clásica se ejecuta grupalmente. La mayor parte del tiempo se aprende también grupalmente, pero el mundo interior se experimenta de manera individual, de modo que los pensamientos, visiones, acciones y creencias son parte del propio camino.  Si el crecimiento personal va en paralelo del crecimiento como artistas, se necesita algo más que una rutina.  Se necesita de amor incondicional, amor propio, familia y amistades que acaricien el alma y acallen la mente agitada.

Si para todo ser humano las relaciones son un pilar fundamental de crecimiento y nutrición, durante la formación y la carrera de ballet, pasan a tener un valor mucho mayor.  El acompañamiento de amigos y/o compañeros de estudio, se vuelve una pieza divina para ganar confianza, equilibrar emociones, compartir experiencias, aprender nuevas cosas, despejar la mente, jugar, reír, divertirse, salir y pasar horas fuera del estudio que son tan importantes como una buena rutina saludable para el cuerpo y la mente.

A los bailarines por lo general les cuesta combinar la disciplina con el buen descanso y el ocio.  Si este ocio creativo se encuentra con otras disciplinas, otros espacios y otras personas, el balance es sumamente positivo. Por eso, desde una irada integral, animo a comunicarse más allá de las redes sociales, que, sin dudas, son un escape a la rutina diaria. 

Por eso, llamar a una amiga para compartir un sentimiento, hablar con ese compañero que sólo se saluda a la salida, proponer actividades distintas, conocerse mejor fuera del estudio y encontrarse con el pelo suelto sin horquillas ni cintas, es una manera de permitirnos que ese amado equilibrio sea más duradero.

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